miércoles, 16 de mayo de 2012

Mi Profesión de Ayuda

Hace ya más de 10 años que ayudo a hombres abandonados por sus parejas a recuperarlas o a recuperarse ellos mismos.

Mi primer libro sobre como recuperar a una ex o como recuperarte de ella salió a la venta en el año 2001. Luego vinieron “La Mujer de tus sueños” y “Mi Ex novia”

Las recomendaciones boca a boca de mis libros hacían que recibiera cada vez más consultas via mail. Posteriormente desarrollé una página web de asistencia a hombres que sufren por amor y más adelante, ante la gran demanda de ayuda, comencé a dar “entrevistas personales”.

En las entrevistas personales tratamos tu caso en particular, analizamos todo lo que haga falta, vemos los errores cometidos y los que se podrían cometer y elaboramos una estrategia a seguir ya sea para recuperar a una mujer o para recuperarnos nosotros mismos en caso de que lo primero sea imposible.

Claro que no todas las mujeres son recuperables (como aseguran algunos que aprovechando la situación de dolor pretenden venderles recetas mágicas), pero si se aplican los métodos correspondientes las posibilidades aumentan un doscientos por ciento.

La satisfacción que siento cada vez que doy una mano a alguien para aliviarle el dolor por un abandono, ya sea para recuperar a su novia o para ayudarlo a salir adelante sin ella, es muy difícil de explicar.

Entiendo la soledad que sienten quienes, al querer compartir con amigos o familiares su problema, reciben como único apoyo frases como “Ya se te va a pasar”, “Es solo una mina”, “Ay, si yo tuviera tu edad...” ó “Con la cantidad de mujeres que hay que te vas a andar haciendo problema”, frases que por supuesto, por más buenas intenciones que tengan quienes las dicen, no ayudan.

La ayuda como profesión se transformó en mi actividad principal sobre todo a partir de obtener mi título de counselor tras haber terminado la carrera de Counseling (Consultoría psicológica).

El “Counseling” es una profesión de ayuda en la cual, por medio de una o más entrevistas, el counselor acompaña, ayuda, asiste, a personas normales en procesos de crisis o cambios como pueden ser las rupturas de pareja, tema que por ser el más abordado por mí en los últimos diez años, se convirtió en mi especialidad.

Si están pasando por una situación complicada, sienten que no están logrando resolverla sin ayuda y quieren tener información sobre las consultas personales conmigo, solo tienen que enviar un mail a infoentrevistas@hotmail.com diciendo su edad y lugar de residencia. (Por favor, no me cuenten una situación particular en esa dirección de e-mail, dado que la función de la misma es brindar información sobre las consultas personales)

¡Un gran abrazo para todos!

Fabio Fusaro

martes, 15 de mayo de 2012

"NO QUIERO UNA RELACIÓN SERIA"



Cuantas veces habremos dicho esa frase.  Y cuantas veces la habremos escuchado.
Y si nunca fuimos los protagonistas de ese episodio seguramente en algún momento le habremos estado prestando el oído a algún amigo o amiga que con cara de carnero degollado nos decía: “Me dijo que no quiere una relación seria”.

Ahora yo me pregunto ¿Existe la posibilidad de conocer a otra persona que nos encante, nos enamore, tenga todos (o casi todos) los atributos que buscamos en una pareja y con la cual no querramos tener una relación seria simplemente porque tenemos instalada esa premisa como un ideal de vida auque sea temporal?
Particularmente creo que no.

Casualmente la semana pasada estaba realizando uno de esos “prestamos de oído” a mi amigo Matías.
-Es que ella dice que soy el tipo que toda mujer querría tener pero que en este momento no quiere una relación seria –me cuenta.
-Y bueno….proponele una relación poco seria –le respondí.
No sé si lo hice pensando profundamente lo que le estaba trasmitiendo o porque veía casi imposible que con el enamoramiento que mi amigo tenía pudiera hacerlo entrar en lo que sería un pensamiento lógico deductivo.

Tanto hombres como mujeres deberíamos asumir, por mucho que nos duela, que esa frase en la totalidad de los casos viene “incompleta”.
A esa frase le faltan dos palabritas mágicas que le darían sentido y coherencia.
Y lo mejor del caso es que esas dos palabritas están implícitas. Existen en forma tácita y cualquier persona con sus facultades mentales intactas las vería tan claramente como se ve un cartel gigante con luces de neón.
Esas dos palabras mágicas son “con vos”.
Por lo que la frase completa sería “No quiero tener una relación seria con vos”.

¿Por qué digo “cualquier persona con las facultades mentales intactas?
Porque como digo en mi libro “Mi ex novia” el enamoramiento es una enfermedad mental transitoria que bloquea el buen funcionamiento del cerebro… etc. etc…”
Y es por eso que en la necesidad de escuchar lo que deseamos escuchar, obviamos inconscientemente esas dos palabras que le darían a la frase un significado coherente.

Preferimos colgarnos de todos los elogios recibidos como “sos la persona que cualquiera quisiera a su lado” y le tratamos de buscar la vuelta para “convencer al otro u otra de que si tan buenos somos lo mejor que le puede pasar en la vida es tener una relación seria con nosotros.

También da la casualidad que esa frase nunca la dice una persona con la que de nuestra parte tampoco existe la intención de tener una relación seria. Siempre la dice alguien con quien pasaríamos sin ningún tipo de problemas el resto de nuestras vidas.
“-No quiero una relación seria.
-Yo tampoco!! Iupiii!!”
No…nunca pasa.
¿Por qué?
Porque cuando nos dicen eso es para detener el embale que percibieron en nosotros.
Y claro…ver que estamos ante una mentira piadosa para sacarnos de circulación con un mínimo de elegancia y humanidad es algo que nos duele. Y ante el dolor ponemos mecanismos de defensa.
El problema es que esos mecanismos de defensa nos hacen perder tiempo.

“¿No querés una relación seria? Uy…yo sí. Y bueno, la buscaré por otro lado. Cualquier cosa hablamos, eh? Bye”.

Digo…¿no?





Para obtener información sobre consultas personales: http://fabiofusaro.blogspot.com.ar/p/entrevistas-personales.html



miércoles, 9 de mayo de 2012

UN DÍA...


 
Sebastián se despertó con la imagen mental del estadio repleto de banderas de su equipo. Eso no era casualidad. Su mejor amigo había conseguido plateas gratis para el importante partido que se jugaría esa tarde. ¡Cuánto tiempo hacía que no iba a la cancha!
Salió de la cama, levantó la persiana y pensó que esas nubes en el horizonte no eran para nada amenazantes y sin dudas no le aguarían la tarde de fútbol.

Fue a la cocina a prepararse el desayuno. Puso el agua…las tostadas….pero no encontró el frasco de café.
-Mamá!! ¿no hay café? –gritó
-Buen día primero ¿no? –le dijo su madre desde su habitación con tono de reproche.
-Buen día –respondió Sebastián.
-El café está acá –le dijo su madre.

Y claro…el domingo sus padres desayunaban en la cama.

-¿Vas a la cancha con Marcos? –le preguntó su padre.
-Sí, al final le dieron las entradas.
-Bueno…vayan con cuidado…viste las cosas que pasan en la cancha…
-No pasa nada, vamos a una platea…olvidate.
-¿Te acostaste tarde anoche? –preguntó su mamá.
-No…más o menos…

La charla se vio interrumpida por el recuerdo de las tostadas sobre el tostador.
“La concha de la lora puta!!” pensó Sebas mientras tiraba las tostadas quemadas, abría la ventana de la cocina para que se fuera la baranda a quemado y ponía dos rodajas  nuevas de pan, está vez con la promesa interna de no moverse de al lado.

Mientras desayunaba le vino a la mente el examen del próximo miércoles. Hacía rato que debería haber empezado a estudiar, pero siempre por una cosa o por otra postergaba ese arranque.
Iba a dedicar el día de hoy al estudio, pero las entradas para el partido habían postergado otra vez ese plan.
“Bueno…mañana sin falta y a full”, pensó Sebastián en un intento por no sentirse culpable.

Se duchó, miró televisión, almorzó con su familia y a las tres de la tarde partió con su amigo rumbo al estadio.

Sebas y Marcos regresaban a las seis y media con una sonrisa de oreja a oreja. Su equipo no solo le había ganado dos a cero a su eterno rival sino que además llegaba a igualar al puntero de la tabla.

Al llegar se cruzaron en la puerta con el papá de Sebastián.
-¿Dónde vas? Preguntó Sebas.
-A la carnicería…vienen tus tíos con tu primo y tengo ganas de preparar un asadito.
-Uh, que bueno….te acompaño…¿Te prendés Marcos?
-Sebas…el día que le diga que no a un asado, intername.

Así partieron los tres en busca de chori, morcilla, molleja, asado y vacío. Y por supuesto la infaltable picadita con Gancia para ir comiendo mientras se escucha el crepitar del carbón.

Cuando a la noche se metió en la cama se dio cuenta que se había perdido “fútbol de primera”.

-Y bueno…todo no se puede –pensó mientras tomaba el control remoto para hacer algo de zapping antes de quedarse dormido.
De todas formas en un canal de cable pudo ver nuevamente los goles…luego cambió a una película que ya había visto un par de veces y con el televisor programado para apagarse a la una de la mañana, se quedó dormido a las doce y media.

Ese había sido un día verdaderamente importante para Sebastián. Había sido el día que estuvo esperando durante mucho tiempo. No por el partido…ni por el asado…sino porque fue el primer día en el que en ningún momento pensó en Verónica.

Y que cosa ¿no?...como no podía ser de otra manera, ese tan importante y esperado día había transcurrido sin que ni siquiera se diera cuenta.



 





martes, 8 de mayo de 2012

¡VAMOS QUE SE PUEDE!


Muchas veces he recibido mails de lectores o de personas que han tenido consultas personales conmigo, contándome como ha seguido su vida, por lo general con muy buenas noticias.

Ayer recibí uno de esos mails de una persona del exterior y en esta oportunidad, contando por supuesto con el permiso de quien me lo envió y quitando algún que otro párrafo para preservar de toda formas su identidad, quiero compartirlo con ustedes, dado que considero que puede ser una muy buena inyección de fuerza y esperanza para las personas que están pasando un mal momento.

Dice así:

"Estimado Fabio:

 Sé que hay miles de hombres que te escriben y que no tienes que acordarte de todos. Pero te escribo igual porque pienso que quizás resulte reconfortante para ti saber que tus libros y consejos han sido de enorme utilidad en mi vida. Hace año y medio que me topé con ellos buscando desesperadamente recuperar a la novia que se había ido, para comprender que lo que en verdad necesitaba era recuperarme yo. Que en alguna parte del camino (que con algún esfuerzo podía ubicar para saber bien cuándo y cómo uno se puede volver un idiota) me había extraviado de mí mismo.

Por aquel entonces estaba realmente destruido. Moral y emocionalmente destruido, sumado eso a las dificultades económicas y laborales. Me sentía débil y hasta incluso inferior que la susodicha. Empecé a darme cuenta cuánto la había empoderado, porque incluso hablarme por teléfono o verla en persona, causaba una conmoción extraordinaria en mí, como si se tratase de un ser de otro planeta o una diosa.  

Pero pasaron los meses y, junto a tus consejos poco a poco me fui sintiendo más seguro. Y a medida que eso sucedía, empezaban cambios muy importantes en lo profesional.

En lo sentimental me fue yendo cada vez mejor. Conocí varias chicas, de distintas edades: yo tengo 44 y he salido con chicas desde 23 años hasta 50. Chicas lindas, inteligentes como me gustan, pero yo no estaba interesado aún en entablar una relación propiamente dicha hasta que no sintiera que era la persona indicada. Fui honesto con todas, y apliqué cada una de las instrucciones que das en tus libros. Un éxito. Amor propio por sobre todo, sin que eso me convierta en un patán. Mis cuatro lemas fueron y son: “No manipulación, hago lo que quiero; no culpabilidad, me siento libre; no maternalismo, soy independiente; no maltrato, me hago respetar”.

En verdad, Fabio, no sabes cuánto me ayudó conocer tus libros. Con cada una empecé, aunque suene feo, una suerte de “experimentación”, que me ayudó a recordar cómo se debe comportar un hombre de verdad. Yo lo sabía, pero me dejé arrastrar por ideas erróneas en cuanto al amor, influenciadas casi todas por el feminismo. Y el temor, ese vicio que nos consume y traiciona. Reaprendí a decir “no”. A establecer lo que quiero y lo que no. A no depender de nadie. A desenvolverme con soltura, con confianza, con hombría. Y finalmente, pude reencontrarme y tener paz.

No sabes lo placentero que llegó a ser para mí –y es– llegar a mi casa, apagar mis luces, poner o no alguna música, y quedarme feliz conmigo mismo. Cómodo con mi propia y sola presencia. He llegado a pasar así veinticuatro horas enteras y desear pasar el resto de mi vida de esa manera, claro que sin poder hacerlo porque hay trabajo, etcétera. Llegué a sentir la felicidad de no necesitar nada más que a mí mismo, a solas con Dios. A través del dolor, pude reaprender lo que nunca debemos olvidar: solos vinimos, solos nos iremos. Y no hay drama en eso.

Fue entonces que conocí a mi actual novia. Comenzamos a salir. Congeniamos, charlamos mucho, de muchas cosas. Es diez años menor, una mujer inteligente y aguda, bonita y con clase. En fin. Me gustó. Luego las cosas se fueron poniendo más interesantes, buen sexo, muy compatible y sin rollos. Yo me seguía resistiendo a una relación y ahí empecé a conocer más vívidamente muchas de las cosas que dices en tu libro.

Hoy tengo a mi lado a una mujer que me ama como soy.
Hoy esta mujer me cuida, aunque solo lo que yo le permito porque yo no necesito cuidados, me sé valer por mí mismo. Hoy esta mujer me respeta, porque la respeto y me hago respetar,  sería interminable las maneras en que esto se aplica. Y cuando miro atrás y veo ese remedo de hombre en que permití convertirme cuando estuve con aquella mujer, me da vergüenza en verdad. Lamentable, algo que no he vuelto ni volveré a permitirme jamás.

Un amigo en común e contó de mi ex. Que estaba furiosa porque tenía novia. Que decía que yo le había prometido esperarla. “Me estás bromeando, ¿no?”, le dije. “No, no bromeo, ella dice esas cosas. Anda preguntando si es verdad que te vas a casar”.

Hace un año y medio atrás habría salido como un rayo a hablar con ella, habría tartamudeado, tratado de explicar, excusarme, qué se yo: las reacciones de quien todavía está afectado. Pero la vida me dio un vuelco, ese derrotado que ella dejó porque tal vez no tendría futuro ahora tiene otros horizontes y hay éxito. Así que todo lo que le dije fue: “Tu que eres su amigo, ¿no podrías hacerle un favor y decirle que no sea conchuda?”, no lo dije molesto, sino tan extrañado como si alguien me hubiera propuesto regalarle todo mi sueldo porque él lo necesita más.

Siguió contándome que le iba mal con el tipo con el que está, que las cosas ahora son al revés, que la están tratando como ella me trató a mí, que el tipo le ha puesto los cuernos, que ella dice que me quiere y siempre me querrá… todo ese arsenal de asuntos. Iba manejando, escuché sin alterarme y respondí: “ es lo que ella eligió. Por mi parte, la verdad es que hace tiempo me di cuenta de que ella no es la clase de persona que yo pensé que era. No me alegra que le vaya mal, pero tampoco me entristece. Ojalá que lo que está viviendo le sirva de lección y en sus futuras relaciones no actúe de la manera que actuó conmigo. Pero eso ya para mí es historia del pasado. Yo ahora estoy plenamente feliz y ya no le encuentro sentido a hablar media palabra más sobre esto”.

La verdad, sí sentí un poco de satisfacción: es humano ¿no? Inmediatamente me recriminé por haberlo pensado o sentido, pero no por ella, sino por mí: no necesito esos sentimientos. Estoy, en verdad, muy feliz y agradecido. No quería dejar pasar la ocasión de compartir contigo todo este periplo y de lo mucho que me sirvieron tus consejos. De lo mucho que me sirve saber y vivir que no se trata de amar menos sino de amarse a uno mismo en la misma medida. Y lo prodigioso que es reestablecer ese equilibrio. Cómo eso hace que todo se vuelva a acomodar, claro que si tenemos la lección viva en la retina, nos ayuda a aprender de los errores.

Gracias, Fabio, de veras estoy muy agradecido.

Dios te bendiga y guarde".




Y bueno...lo primero que me salió decir fue...

...VAAAAAAAMOOO NENEEEEEEEEE!!!!


Fuerza y ánimo para todos....que se puede!!








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miércoles, 2 de mayo de 2012

LA TÉRMICA DEL ORGULLO



Hay algo que es innegable y de lo que cualquier mujer puede dar fe: A ninguna le atrae un hombre sin orgullo.

A partir de esa premisa es que quiero desarrollar el siguiente tema.

Imaginemos el sistema eléctrico de una casa. Gracias a ese sistema todos los artefactos de la casa funcionan perfectamente. Anda la compu, el inalámbrico, la tele, el timbre, el microondas, las luces….todo.

Podemos hacer un paralelismo entre esa energía de la casa y el orgullo del hombre. Si el hombre no tiene orgullo no se quiere, no se valora, no se respeta a sí mismo, en consecuencia nada funciona.

Ejemplo:
Entrevista de trabajo:
-¿Cuánto es lo que pretende ganar, señor Pérez?
-Y…poquito….porque yo no merezco más…

Prueba de jugadores:
-¿Y usted de que quiere jugar?
-Y…de lo que sea…porque no soy muy bueno…

Noviazgo:
-No se si quiero estar con vos o con mi nuevo compañero de trabajo.
-No importa mi amor…yo te amo y estaré acá esperándote siempre.

Si no hay luz…la casa no puede tener un buen funcionamiento…y nadie querría estar en esa casa.  Si no hay orgullo, el que no tendría un buen funcionamiento sería el hombre.

La energía tiene una térmica.  El orgullo también.

Una sobrecarga de tensión puede hacer saltar la térmica de la energía…y nos quedamos sin luz.
Una sobrecarga de sentimientos también hace saltar la térmica del orgullo.

¿Qué pasa cuando estamos en pareja con una mujer por la cual no tenemos un exceso de enamoramiento, por la cual no tenemos un exceso de sentimientos, por la cual no sentimos lo que podría llamarse una dependencia…y esa mujer se manda alguna barrabazada?
Le ponemos los puntos sobre las ies, le dejamos en claro que con nosotros no se jode y en muchos casos hasta la mandamos a la concha de su hermana, nos damos media vuelta y nos vamos, diciendo para nuestros adentros “Pelotuda de mierda…¿Quién se cree que soy?”
Eso sucede porque el orgullo está encendido. La llave está en ON. Todo funciona.  Y es altamente probable que esa mujer nos venga a correr por la calle al grito de “Perdoname, mi amor…perdoname!!” Y si no lo hace, el orgullo nos hace sentir que esa mujer no es para nosotros. Que merecemos algo más y nos hace seguir caminando sin volver sobre nuestros pasos.  No es una “estrategia” lo que estamos llevando a cabo. Es genuino amor propio y respeto por nosotros mismos.

El gran problema del hombre viene cuando se enamora. O mejor dicho cuando está tan boludizado por amor que ya se vuelve dependiente.  Esa sobrecarga de sentimiento es lo que le hace saltar la térmica del orgullo y eso obviamente hace que este se le apague por completo.
Un hombre dependiente, boludizado y sin orgullo soporta lo que sea con tal de estar al lado de la mujer de la cual depende. No concibe de ningún modo la vida sin ella. El terror a perderla hace que se banque todo, que “justifique” todo.
Y eso sucede porque el regulador de tolerancia que es el orgullo no funciona, está apagado, está muerto, le saltó la térmica.

El hombre sin orgullo no es un hombre deseable, así como una casa sin energía no es una casa habitable.
Con el agravante de que la energía de una casa puede volver, pero la pérdida de orgullo en un hombre es un camino de ida.  Es por eso que las mujeres prefieren al hijo de puta antes que al boludo, porque piensan que el hijo de puta podría cambiar, pero saben que de boludo no se vuelve.

Si tu casa se quedara sin energía y supieras que nunca la recuperaría, buscarías otra casa.
Si una mujer ve que te saltó la térmica del orgullo, va a buscar otro hombre.

¡Querete mierda! ¡No te dejes forrear!
¡No le soportes lo que no les soportarías a otra de la que estuvieras menos enamorado!
¡No hagas lo contrario a lo que le aconsejarías a un amigo que estuviera en tu lugar!
¡No permitas que el sentimiento te haga saltar la térmica!

QUE SE HAGA LA LUZ!!!  

VAMO NENEEE!!!



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sábado, 21 de abril de 2012

¿AL FINAL QUÉ SOMOS?



Hemos escuchado a nuestra novia decir “Sos el hombre de mi vida”.
Más adelante tal vez nos han contado que esa misma novia, ahora convertida en “ex” dijo “Mi ex era un forro”.

Otra tal vez dijo “Sos la luz mis ojos”…y más adelante “Mi ex era un hijo de puta”.

Cuando no una combinación de ambas: Primero “Sos el hombre  de mi vida y la luz de mis ojos”…y después “Mi ex era un forro hijo de puta”.

Estabamos seguros de que las primeras eran afirmaciones ciertas. Hoy pareciera que nuestras energías están enfocadas a demostrarle y demostrarnos que las segundas son falsas.

Que felices nos hacían sentir las primeras frases …y que infelices las segundas.

Nuestra felicidad nunca hubiera cambiado si nos hubiéramos centrado en nuestra propia opinión.

Nosotros somos lo que sabemos que somos. Por más que las palabras lindas, y sobre todo viniendo de la mujer que amamos, nos endulcen los oídos y nos traigan felicidad.

No está mal alegrarse al escuchar cosas lindas, pero “no podemos permitir que nuestra felicidad dependa de un sentimiento ajeno que no depende de nosotros y que puede cambiar de un momento a otro sin aviso previo”.


“Las cosas que dependen de nosotros son libres por naturaleza, nada puede detenerlas ni estorbarlas; las que no dependen de nosotros se ven reducidas a impotencia, esclavizadas, sujetas a mil obstáculos, completamente extrañas a nosotros.
No olvides que si tienes como propias las cosas que dependen de otro, encontrarás obstáculos a cada paso, estarás triste y dirigirás reproches a los dioses y a los hombres.
En cambio si solo consideras tuyo lo que te pertenece y extraño lo que pertenece a otro, nadie nunca te obligará a hacer lo que no quieres, ni te impedirá hacer tu voluntad, ni te causará ningún daño”.

                                                               Epicteto





Vos para alguien hoy podés ser luz de sus ojos….y mañana un inservible.

Yo para otro hoy  puedo ser el gurú, el maestro, el ídolo máximo…y mañana ser “el pelotudo ese”.

Si nuestra estabilidad va a depender de lo que “otro” u “otra” piense de nosotros o sienta por nosotros, transitaremos por la vida como haciendo equilibrio en una cuerda floja sobre las cataratas y a merced de los vientos.

Tengamos los pies sobre la tierra firme de nuestra propia valoración.

Nosotros somos nosotros. Somos Eduardo, Hernán, Juan, Pablo, Fede, Fabio… con nuestros defectos y virtudes.

Y eso... YA ES MUCHO! 



VAMO NENEEE!!!  




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viernes, 20 de abril de 2012

DECISIONES


Es indudable que las experiencias que una persona va acumulando a lo largo de la vida contribuyen a forjar su personalidad como adulto. Sobre todo las experiencias de su niñez.

Ahora bien…digo…pienso…no sé…¿tenemos que resignarnos a tener determinadas características de nuestra personalidad, que tal vez no nos agraden o no nos hagan del todo felices solo porque de niños vivimos determinadas circunstancias?

También hay quienes dicen que en las particularidades del carácter de cada uno puede haber un componente genético.

Sí…ok…también ¿y?
¿Tengo que resignarme a ese componente genético que no me trae bienestar?

En resumen….¿tengo que resignarme a ser como soy si me gustaría ser diferente en algunos aspectos, si admiro o envidio la forma de ser de otros, si mis debilidades no me permiten sentir como me quisiera sentir o actuar como creo que debería actuar o como actúan otros a quienes admiro?

Que injusta sería la naturaleza, la vida, Dios, la fuerza universal o como quieran llamarlo si no nos permitiera moldearnos a nosotros mismos y participar en la decisión de “como queremos ser” o “quien queremos ser”.

Cuantas veces escuchamos decir “quiero pero no puedo”, “quiero pero no tengo el valor”, “quiero pero soy un boludo”.

Pero si otros pueden, tienen el valor y no son boludos, significa que la posibilidad existe.

Pero claro, como nosotros tenemos una personalidad más “débil” por culpa de nuestra niñez, por culpa de nuestra genética o por culpa de la concha de su tía, nos resignamos a decir “Yo no puedo porque “soy” cobarde”.

Y a eso es a lo que yo me resisto.  Eso hoy no tengo ganas de aceptarlo.

La vida nos da constantes “oportunidades” para ser como queremos ser. Para actuar como actúan los que son como querríamos ser. Tomarlas o no es una decisión.

Daniel era medio cagón. No se animaba a acercarse y hablarle a esa mina que tanto le gustaba y a la que veía todos los días en el bar de la facultad.  Eso sí, admiraba y envidiaba a esos que si se atrevían (con ella o con otras) y lo hacían.
“Pero yo no puedo. Yo soy cagón”.
Lo ayudé con respecto a “que decirle”, pero la decisión de no ser cagón la tenía que tomar él. La oportunidad estaba ahí, al alcance de la mano. Lo peor que podría pasar es que le mina le dijera “Tomátelas de acá, pelotudo”, pero al menos, eso no se lo diría a un cagón, sino a alguien que se animó… a alguien que debería estar contento consigo mismo por vencer una supuesta forma de ser a la que no tenía por que resignarse.
Y lo hizo.
Le fue mal...le fue bien… no importa. Ya no corría más eso de “Yo soy cagón”, porque tomó la oportunidad que la vida le ponía adelante para no serlo.

Marcelo no podía vivir sin su Silvina. Pero aparentemente Silvina sí podía vivir sin Marcelo. De hecho decidió no vivir más con Marcelo para vivir con Martín.
“Yo no tengo huevos para no llamarla” “Yo sin ella no puedo”.
Pero, no tener huevos para no llamarla no era algo que le agradara. Más bien moría por tenerlos.
Ok…otra vez al alcance de la mano la oportunidad de ser lo que querríamos ser y que lamentablemente la genética o las experiencias de la niñez no nos permitieron.
Un día, dos días, tres días, una semana, dos meses sin llamarla y ya podría decirse que “tenía los huevos” para no hacerlo.

La vida nos da constantes oportunidades de dejar de ser lo que somos para ser lo que nos gustaría ser. No dejemos de verlas, ni de aprovecharlas.


VAMOOOO NENEEE!!!